01 abril, 2007

!El dueño del terreno!



Fotos: EDDY MARTIN

La cámara de televisión se cierra en la imagen del hombre rudo, guapo, casi en estado de violencia. Se quita la máscara y sus manos y su cuerpo se proyectan impositivos. Máscara, peto y demás indumentarias impiden ver el físico, el alma de quien aparece con frecuencia en las grandes situaciones del béisbol, en momentos difíciles, hasta de tensión. Su explosividad me llama poderosamente la atención y decido ir tras él.

Nelson Díaz corre en la pista de Campo Armada, un terreno de fútbol cercano al Alí Bar que Benny Moré inmortalizó. Eddy Martin, el fotógrafo, me anuncia que está allí; pasa casi a mi lado, no lo reconozco y debo aguzar la vista para darme cuenta que es el hombre de la máscara detrás del home.

Su cuerpo sudoroso trasluce la musculatura de quien está acostumbrado a los ejercicios físicos. Corpulento, de mediana estatura, piel muy blanca y ojos azules, no es exactamente un adonis, pero tiene los encantos de un hombre de 52 años. “Para mí es un placer tener la edad que tengo”, dice.

En 1972, en Venezuela, jugó por única vez en el extranjero como receptor del equipo juvenil de Cuba. A principios de la década de 1980 integró la nómina del Habana en la Serie Nacional, pero no era buen bateador y con 28 años no podía esperar más. No estaba frustrado, “lo que pasa es que en el béisbol hay que batear, si bateas hay que buscarte una posición donde quiera que sea”.

SU GRAN PASIÓN ES EL ARBITRAJE

Nelson era malcriado con los árbitros, aunque el rumbo de su vida lo marcó uno de ellos, aquel día cuando en el noveno inning de un partido entre los equipos Güira de Melena y San Antonio de los Baños, conectó una línea al right field con la carrera de la victoria en segunda. La bola picó en la cal, el árbitro decidió foul y el público se tiró a golpearlo.

“Me lo llevé para el banco y dije: ¡aquí más nadie puede darle a este árbitro! Decidí dedicarme al arbitraje ¡a ver quién iba a tener el valor de darme a mí! Al principio no me gustaba, pero hoy es mi vida”.

Como este trabajo es sedentario, mantiene la costumbre de ejercitar su cuerpo,
“porque casi todos terminan su carrera desbaratados física y sicológicamente”. Esa práctica se ha impuesto en el resto de sus colegas, pues “el juego lleva mucha concentración, no puedes perderte las señas, que son bien complicadas, y un error...”


Por errores, Nelson Díaz Blanco ha vivido momentos difíciles. Ha cometido unos cuantos en los 22 años que lleva como “juez del béisbol” en los juegos más importantes celebrados en nuestro país y algunos en el exterior. Su orgullo fenece con el recuerdo: Estadio Latinoamericano.

Más de 50 mil personas. Industriales vs. Santiago de Cuba. Cutiño le hace un lanzamiento a Pedro Medina. Nelson sintió el sonido contra el bate de aluminio, sin titubeo cantó foul y exigió: “tiene que venir a batear”.

El jugador lo hizo y falló. En el séptimo inning alguien se le acercó y le dijo que a Medina le habían dado dos puntos en la mano. “Esa es la jugada más difícil que tiene el árbitro, sientes el sonido, pero no puedes precisar si es entre el bate y la pelota o entre el bate y la carne; en realidad yo oí el sonido... Quería que la tierra me tragara...

“Otra vez me equivoqué con una decisión en el home. Canté out cuando era quieto y ganó La Habana sobre Pinar del Río. Ese día pensé hasta en retirarme. Ni usted ni el pueblo son capaces de imaginar lo que siente un árbitro cuando se equivoca o aplica mal una regla.

Hay veces que he estado días enteros dentro de mi casa sin hablar con mi familia, sin almorzar, sin comer, por una mala decisión. Duele cuando uno tiene vergüenza, y agradezco a mi familia por el apoyo que me da en esos momentos”. Por suerte, esos casos no le suceden con frecuencia.

JUGAR CON EL CORAZÓN

Nelson Díaz es todo pasión y amor. “Jugaba con el corazón —eso que hoy día falta mucho—, igual hago con mi trabajo”.

Le costó años de estudio sentirse cómodo en el arbitraje, y todavía hay jugadas en las que pregunta ¿y esto qué cosa es? “El béisbol siempre se está nutriendo de problemas”. Por eso, cuando los juegos son importantes, los graba y después analiza las cosas buenas y malas que hizo. “Me exijo mucho, no admito equivocarme”.

Su explosividad, su energía en el terreno son naturales, y en ocasiones hasta “matiza” el espectáculo más masivo de los cubanos.

“El carácter me ha beneficiado en mi vida como árbitro, no sé como padre; como responsable de una familia puede ser que en algún momento me haya perjudicado”.

Nunca ha sentido miedo ni siquiera cuando pueda pensar que una afición completa se le viene encima por alguna de sus decisiones. Tuvo grandes profesores: Manuel Hernández, Alejandro Montesinos, Juan José Izquierdo (fallecidos) y Jorge Vidal, ya jubilado, quienes vaticinaron “si te metes a árbitro serás muy bueno”, y miren si tenían razón que desde sus inicios en la profesión está entre los primeros. Cuando comenzó, Cuba tenía 12 árbitros y estuvo entre los destacados ese primer año. Nunca fue suplente.

Su primer arbitraje internacional fue en 1985, en Nicaragua, y trabajó en cinco juegos, dos de ellos en home. “He tenido la satisfacción de ser árbitro principal en dos olimpiadas, y las dos veces Cuba ha ganado”.

Entre sus grandes orgullos está el hecho de que durante los juegos entre los equipos de Cuba y los Orioles, de Baltimore, que se celebraron en nuestro país, los representantes del béisbol norteamericano lo hubieran pedido para arbitrar en home, porque es una demostración de la confianza que han depositado en su labor.


“A mí me protestan poco los peloteros”

Actualmente hay una controversia por las expulsiones de los mánager durante los juegos.
Nelson Díaz no tiene estadísticas de a cuántos ha sacado, pero “el árbitro en Cuba que menos expulsa a los peloteros soy yo; a mí me protestan poco, he tenido que botar, digamos por una actitud antideportiva, por una falta de respeto, o si un pícher le da un pelotazo al bateador después que le dio un jonrón; ese hombre tiene que salir del juego”.


Y traigo a su memoria la vez que expulsó a Víctor Mesa en el juego contra Industriales en el Latinoamericano. “Siendo jugador nunca lo boté. Una vez le canté un lanzamiento un poco alto y me dijo: ‘era un poquitico alto’, y le indiqué: ‘tírale a la bola que esto es para batear’; con tan buena suerte le tiró a la próxima y bateó...

“Esa vez en el Latino fue una decisión en primera bien decidida, afortunadamente estaba la televisión, y a mí me gusta la TV porque si me equivoco sale, pero cuando no me equivoco todo el mundo sabe que no me equivoqué.

“Víctor vino a reclamarme, y le dije ‘decidí así porque así la vi’, se fue para el banco, pero siguió gesticulando, diciendo cosas, hasta que tiró la botella de agua contra el suelo; entonces lo expulsé... pero el béisbol no es para botar a la gente, es para jugar. Víctor no ofende a nadie, lo malo es que gesticula mucho; él es uno de los directores más capaces y conocedores de las reglas”.

Nelson considera a Omar Linares como el mejor pelotero de Cuba y a Jorge Fuentes, el
mánager más profesional.

Sabe tomar distancia entre jugadores, narradores, periodistas y directores de equipos; a los buenos los admira, pero no se vincula sentimentalmente.

“Pienso que esta profesión tiene que ser así: cada cual en su sitio, con mucho respeto”.
Aunque accidentalmente, ha recibido fuertes pelotazos.

Al principio de su carrera como árbitro, Machirán, un lanzador de Guantánamo, que tiraba noventa y pico de millas, se cruzó con las señas del receptor y la pelota fue directa a su codo derecho. “Tuve que terminar el juego cantando los strikes con la zurda”.

Con Enriquito Díaz tampoco tuvo suerte. “Él acostumbra a soltar el bate. Me tuvo una temporada completa con problemas en la pierna izquierda, porque soltó el bate, y me dio en la rodilla con la rodillera corrida...”

Algunos se le acercan para preguntarle por qué se comporta como un ogro en el estadio.
“En el terreno tengo que ser así, de lo contrario como decimos nosotros, me corren por tercera; pero soy una persona humilde, me llevo bien con todos”.

No estuvo presente durante el alumbramiento de sus dos últimas hijas—tiene dos varones mayores—. “Quería que fuera la primera persona en entrar a verme, pero las dos veces estaba en Sancti Spíritus. Las niñas se llevan un año y nacieron en el mismo mes.

Tampoco me acompañó mucho durante los embarazos, pero nos hemos adaptado a su trabajo”, asegura Maritza Ladrón de Guevara, la profesora de Educación Física que lo ha acompañado durante los últimos 20 años.

Nelson Díaz es un hombre metódico. Además de los ejercicios físicos, duerme dos a tres horas por las tardes, llega temprano al estadio, se relaja antes del juego y no come nada.
Se siente mejor durante los grandes desafíos, en los más difíciles, y detrás del home, como ¡el
dueño del terreno!

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