25 mayo, 2007

Silvio, estoy contigo

Siempre he admirado en los hombres el valor para defender sus verdades. A quienes no enmascaran los sentimientos poniéndole el maquillaje de las buenas formas o el contenido preciso. A quienes incluso, chocando una y otra vez “con la misma piedra” hacen un pacto consigo para dar luz a sus compromisos. A quienes viven reconciliándose con su propia vida a despecho de sus detractores.

Silvio Rodríguez pertenece a esta estirpe. A la de hombres que prefieren disentir a traicionarse, como consta en muchas de sus canciones: “Esta es la vida que me parió/… esta es la sal, querida/ que goza, que sangra, mi amor…

No sorprende su decisión de suspender el concierto en la ciudad chilena de Talca, previsto para el pasado mes de marzo, al conocer los precios que debían pagar por las entradas a un teatro (entre 80 y 110 dólares) con capacidad para mil personas (en una de las ciudades más pobres de Chile), donde una multitud ha esperado años para escucharlo.

Quienes demandaron a Silvio, tratando de ofenderlo o desvirtuar su imagen, parecen desconocer que el creador de La Era está pariendo un corazón, no es una mercancía, y sí un ídolo de muchas generaciones de latinoamericanos, que han coreado sus versos, seguido su música y compartido sus ideales a través de poemas y canciones.

A los que denunciaron a Silvio les salió el tiro por la culata, porque ahora sus seguidores encontraron una vía para patentizar el cariño y la devoción que sienten por el autor de Ojalá y Fusil contra Fusil: en un Encuentro Interzonal de Solidaridad con Cuba, organizaciones chilenas, reunidas en la propia ciudad de Talca, manifestaron que “esperan con ansias el momento en que tu canto para el pueblo llegue a nuestra ciudad convocando a tu familia”.

Y nada estará tan seguro como eso de que Silvio irá a Talca “para hacer el concierto que merecen los que deseaban escucharme y no podían pagar las onerosas entradas. Nada de eso lo haré por penitencia, sino porque mis canciones salieron de un pueblo como ustedes y ver a su familia las completa”.

Merece aplausos y el apoyo de todas las personas honestas del mundo la resolución de quien ha seguido la máxima de cantarles a los pueblos gratuitamente. De ahí que millones de seres tarareen la letra de sus cantos, o se hayan enamorado de Cuba “a través de Silvio Rodríguez” como le sucedió a la doctora María Antonia Ulunque: “Cuando era estudiante de medicina, él fue a cantar a Buenos Aires y justamente sus canciones representaban una esperanza, una inspiración para nosotros”.

Por esa costumbre de cantar en los estadios, en los buques de la marina mercante –una experiencia durante su juventud que le valió más de 60 canciones-, en los teatros gratuitos y en los bien pagados, Silvio conquista corazones; suma colegas a sus cantos, graba discos a beneficio de un hospital infantil; incluye letras de amigos en sus canciones, como hizo con León Gieco y Víctor Heredia, en Cita con ángeles

Respetando su ideología y responsabilizado con ella, hizo una metáfora del último instante de la existencia humana, al expresar “Del vértigo de imágenes de aquel segundo de lucidez, sobrevive un flashazo: las satisfechas máscaras de los que esperaban mi deserción y los serenos rostros de quienes me creían”.

Impredecible, no. Es ríspido, lúcido, talentoso, genial, porque “Esta es la vida que me sorprende… esta es mi cruz y el alimento de mi luz”.

Con motivo de las versiones de cierta prensa que pretende desvirtuar las razones de su negativa a ofrecer el consabido concierto, Silvio dejó claro que “Fuerzas colosales no han podido despojarme de Cuba y nadie me arrancará de Chile”, donde sus admiradores han expresado que esa decisión “abre la posibilidad para que todos, sin distinción de clases ni de ningún tipo, podamos disfrutar de tu canto”.

Por todas estas razones, y porque te he admirado desde siempre, Silvio, estoy contigo, para que no hagas de tu icono pedazos, para salvarte entre únicos e impares. “Será que la necedad parió conmigo, la necedad de lo que hoy resulta necio: la necedad de asumir al enemigo, la necedad de vivir sin tener precio”.

18 mayo, 2007

La agroecología me abrió el corazón


“Soy un pobre rico, tengo el 90% de todo lo que necesito. Vivo en la finca agroecológica con una mujer que me sigue y unos hijos que me apoyan. Esta fuerza es mi riqueza; el poder de la persistencia, del amor, de la bondad, de la interrelación de las cosas. Es mucho más de lo que se puede comprar con el otro 10%, que es el dinero.”

José Antonio Casimiro González tiene una filosofía muy especial de la vida, y le va saliendo bien. Hace alrededor de 14 años optó por recuperar la finca de su padre, en las inmediaciones del poblado de Taguasco, en Sancti Spíritus, y con sus “inventos”, experimentos y resultados consiguió situarse a la vanguardia del movimiento agroecológico.

“Yo me aferro a la idea de que se puede hacer esta agricultura, porque depende de todo lo que hay en Cuba: viento para halar el agua y corrientes superficiales para bombearla con los arietes; el estiércol de la vaca, que nos da el fertilizante y el gas; la leña, para cocinar; los motores, que son los bueyes…

“Si viene un ciclón bombearemos agua con los arietes, comeremos pescado del estanque, yuca, malanga… y las vacas van a dar más leche. Pero si tuviera toda la finca sembrada de plátano y pasara un ciclón o una sequía muy grande, se iba a bolina. La variedad de cultivos y la cría de diferentes especies animales es la base de la sostenibilidad, esa depende de nosotros.

“Y ni hablar de los sistemas fotovoltaicos. Cuba es una potencia en sol. Vamos a suponer que no hay electricidad ni viento. Hay sistemas—pienso instalarlos—, que bombean 272 litros de agua por minuto, tienen 90 Watts de potencia, y cuando comienza a salir el sol ya están trabajando.

“Me desilusioné de la agricultura convencional apenas comencé.

Me sentí como un náufrago en una isla; veía señales, pero tan lejanas que parecían nubes. Hasta que llegaron unos viejitos a mi casa, tan locos como yo, quienes también creían que la naturaleza le ofrece al hombre lo inimaginable en bienes y recursos. La agroecología me abrió el corazón.”

Necesario un empujón

“Esta agricultura más artesanal, que se hace fuerte al contar con la familia en la finca los 365 días del año, necesita un empujón. Las ideas han prendido, pero llegan a un tope. No hay una infraestructura de la tecnología para fabricar arietes hidráulicos, digestores de biogás, bombas vaqueras ni el arado multiuso que yo mismo inventé.

“No hay un acopio que te compre un producto ecológico, alguien que lo certifique; por ejemplo, la leche ecológica debería tener un precio por encima de la otra; yo puedo llevar al mercado el mejor plátano ecológico del mundo, más pequeño y más sabroso, pero tengo que competir con otro que pesa mucho más.

“Sueño con el rescate de oficios como los herreros, los desmochadores de palma, los que hacen yugos, y que ganen por eso. Los agricultores, buscando mejor vida para sus hijos, emigran al pueblo, pero todavía Cuba tiene gente preparada, de mi generación, que se criaron y sienten nostalgia por el campo. ¿Cómo los regresas?: dignificando el trabajo agrícola.

“Cuando vinimos para esta finca teníamos muchos problemas, y he tenido que priorizar. Mileidy —la esposa— quiere una taza sanitaria y sábanas nuevas. Le dije: ‘este va a ser un lugar modesto, bonito y limpio’, pero lo primero que dije fue ‘conmigo no cuenten para ilegalidades’, y tengo un prestigio que no lo cambio por nada material. No estoy pensando en hacerme millonario”.

Cuando Casimiro, su esposa y sus hijos Leidy, José Antonio y Chaveli optaron por la finca, las cosas se habían hecho tan mal que ya la naturaleza no admitía más descuidos. El suelo estaba degradado y estéril, abundaba el marabú y escaseaban la sombra y las frutas.

Hoy el paisaje es espléndido. Hay sosiego sobre cada palmo de tierra, que comparten el ganado, las aves, los conejos, los peces, los cultivos, los árboles, el estanque, y la casa en ciernes.

“Y no digo que voy a resolver todo lo que la agricultura convencional destruyó en el mundo, pero se precisa de esta otra: la de muchos poquitos, con la máxima eficiencia. Y si un día descubren que todo nuestro suelo son minas de oro, seguirán haciendo falta los guajiros, para cuidar de la biodiversidad”.

01 mayo, 2007

A punto de terminar colecta de bronce para monumento al Che

Desde hace varios meses un grupo de jóvenes argentinos tiene la iniciativa de construir un monumento al Comandante Ernesto Guevara de la Serna, en la ciudad de Rosario. Para ello están a punto de terminar una colecta de bronce, metal con el que se hará la estatua.
Hasta el próximo jueves 14 de junio estará abierta la convocatoria para la recolección del valioso metal, pues según informó el artista plástico y encargado del proyecto, Andrés Zerneri, falta muy poco para completar la cantidad necesaria de la materia prima.
Más de 14 mil 200 personas han aportado a la colecta para el monumento, un proyecto que ha alcanzado repercusión en todo el mundo por su carácter solidario, colectivo e histórico.

Los progenitores de esta obra, solicitan a cada persona de las que aún no ha hecho llegar su pedazo de bronce, por pequeño que sea, que se apresuren para dar su contribución a la actual escultura de cuatro metros de alto que se esculpe en un taller de la ciudad de Palermo Viejo, en Argentina.
Los organizadores esperan convocar un gran acto de inauguración el sábado 14 de junio del 2008, en Rosario, para celebrar el 80 cumpleaños del Che Guevara y el nacimiento de la obra que se está construyendo.
Y tiene una premisa esencial: no aceptar donaciones de ningún tipo de empresas ni de organismos del Estado, que sólo participará en las tareas de emplazamiento una vez terminado.

01 abril, 2007

!El dueño del terreno!



Fotos: EDDY MARTIN

La cámara de televisión se cierra en la imagen del hombre rudo, guapo, casi en estado de violencia. Se quita la máscara y sus manos y su cuerpo se proyectan impositivos. Máscara, peto y demás indumentarias impiden ver el físico, el alma de quien aparece con frecuencia en las grandes situaciones del béisbol, en momentos difíciles, hasta de tensión. Su explosividad me llama poderosamente la atención y decido ir tras él.

Nelson Díaz corre en la pista de Campo Armada, un terreno de fútbol cercano al Alí Bar que Benny Moré inmortalizó. Eddy Martin, el fotógrafo, me anuncia que está allí; pasa casi a mi lado, no lo reconozco y debo aguzar la vista para darme cuenta que es el hombre de la máscara detrás del home.

Su cuerpo sudoroso trasluce la musculatura de quien está acostumbrado a los ejercicios físicos. Corpulento, de mediana estatura, piel muy blanca y ojos azules, no es exactamente un adonis, pero tiene los encantos de un hombre de 52 años. “Para mí es un placer tener la edad que tengo”, dice.

En 1972, en Venezuela, jugó por única vez en el extranjero como receptor del equipo juvenil de Cuba. A principios de la década de 1980 integró la nómina del Habana en la Serie Nacional, pero no era buen bateador y con 28 años no podía esperar más. No estaba frustrado, “lo que pasa es que en el béisbol hay que batear, si bateas hay que buscarte una posición donde quiera que sea”.

SU GRAN PASIÓN ES EL ARBITRAJE

Nelson era malcriado con los árbitros, aunque el rumbo de su vida lo marcó uno de ellos, aquel día cuando en el noveno inning de un partido entre los equipos Güira de Melena y San Antonio de los Baños, conectó una línea al right field con la carrera de la victoria en segunda. La bola picó en la cal, el árbitro decidió foul y el público se tiró a golpearlo.

“Me lo llevé para el banco y dije: ¡aquí más nadie puede darle a este árbitro! Decidí dedicarme al arbitraje ¡a ver quién iba a tener el valor de darme a mí! Al principio no me gustaba, pero hoy es mi vida”.

Como este trabajo es sedentario, mantiene la costumbre de ejercitar su cuerpo,
“porque casi todos terminan su carrera desbaratados física y sicológicamente”. Esa práctica se ha impuesto en el resto de sus colegas, pues “el juego lleva mucha concentración, no puedes perderte las señas, que son bien complicadas, y un error...”


Por errores, Nelson Díaz Blanco ha vivido momentos difíciles. Ha cometido unos cuantos en los 22 años que lleva como “juez del béisbol” en los juegos más importantes celebrados en nuestro país y algunos en el exterior. Su orgullo fenece con el recuerdo: Estadio Latinoamericano.

Más de 50 mil personas. Industriales vs. Santiago de Cuba. Cutiño le hace un lanzamiento a Pedro Medina. Nelson sintió el sonido contra el bate de aluminio, sin titubeo cantó foul y exigió: “tiene que venir a batear”.

El jugador lo hizo y falló. En el séptimo inning alguien se le acercó y le dijo que a Medina le habían dado dos puntos en la mano. “Esa es la jugada más difícil que tiene el árbitro, sientes el sonido, pero no puedes precisar si es entre el bate y la pelota o entre el bate y la carne; en realidad yo oí el sonido... Quería que la tierra me tragara...

“Otra vez me equivoqué con una decisión en el home. Canté out cuando era quieto y ganó La Habana sobre Pinar del Río. Ese día pensé hasta en retirarme. Ni usted ni el pueblo son capaces de imaginar lo que siente un árbitro cuando se equivoca o aplica mal una regla.

Hay veces que he estado días enteros dentro de mi casa sin hablar con mi familia, sin almorzar, sin comer, por una mala decisión. Duele cuando uno tiene vergüenza, y agradezco a mi familia por el apoyo que me da en esos momentos”. Por suerte, esos casos no le suceden con frecuencia.

JUGAR CON EL CORAZÓN

Nelson Díaz es todo pasión y amor. “Jugaba con el corazón —eso que hoy día falta mucho—, igual hago con mi trabajo”.

Le costó años de estudio sentirse cómodo en el arbitraje, y todavía hay jugadas en las que pregunta ¿y esto qué cosa es? “El béisbol siempre se está nutriendo de problemas”. Por eso, cuando los juegos son importantes, los graba y después analiza las cosas buenas y malas que hizo. “Me exijo mucho, no admito equivocarme”.

Su explosividad, su energía en el terreno son naturales, y en ocasiones hasta “matiza” el espectáculo más masivo de los cubanos.

“El carácter me ha beneficiado en mi vida como árbitro, no sé como padre; como responsable de una familia puede ser que en algún momento me haya perjudicado”.

Nunca ha sentido miedo ni siquiera cuando pueda pensar que una afición completa se le viene encima por alguna de sus decisiones. Tuvo grandes profesores: Manuel Hernández, Alejandro Montesinos, Juan José Izquierdo (fallecidos) y Jorge Vidal, ya jubilado, quienes vaticinaron “si te metes a árbitro serás muy bueno”, y miren si tenían razón que desde sus inicios en la profesión está entre los primeros. Cuando comenzó, Cuba tenía 12 árbitros y estuvo entre los destacados ese primer año. Nunca fue suplente.

Su primer arbitraje internacional fue en 1985, en Nicaragua, y trabajó en cinco juegos, dos de ellos en home. “He tenido la satisfacción de ser árbitro principal en dos olimpiadas, y las dos veces Cuba ha ganado”.

Entre sus grandes orgullos está el hecho de que durante los juegos entre los equipos de Cuba y los Orioles, de Baltimore, que se celebraron en nuestro país, los representantes del béisbol norteamericano lo hubieran pedido para arbitrar en home, porque es una demostración de la confianza que han depositado en su labor.


“A mí me protestan poco los peloteros”

Actualmente hay una controversia por las expulsiones de los mánager durante los juegos.
Nelson Díaz no tiene estadísticas de a cuántos ha sacado, pero “el árbitro en Cuba que menos expulsa a los peloteros soy yo; a mí me protestan poco, he tenido que botar, digamos por una actitud antideportiva, por una falta de respeto, o si un pícher le da un pelotazo al bateador después que le dio un jonrón; ese hombre tiene que salir del juego”.


Y traigo a su memoria la vez que expulsó a Víctor Mesa en el juego contra Industriales en el Latinoamericano. “Siendo jugador nunca lo boté. Una vez le canté un lanzamiento un poco alto y me dijo: ‘era un poquitico alto’, y le indiqué: ‘tírale a la bola que esto es para batear’; con tan buena suerte le tiró a la próxima y bateó...

“Esa vez en el Latino fue una decisión en primera bien decidida, afortunadamente estaba la televisión, y a mí me gusta la TV porque si me equivoco sale, pero cuando no me equivoco todo el mundo sabe que no me equivoqué.

“Víctor vino a reclamarme, y le dije ‘decidí así porque así la vi’, se fue para el banco, pero siguió gesticulando, diciendo cosas, hasta que tiró la botella de agua contra el suelo; entonces lo expulsé... pero el béisbol no es para botar a la gente, es para jugar. Víctor no ofende a nadie, lo malo es que gesticula mucho; él es uno de los directores más capaces y conocedores de las reglas”.

Nelson considera a Omar Linares como el mejor pelotero de Cuba y a Jorge Fuentes, el
mánager más profesional.

Sabe tomar distancia entre jugadores, narradores, periodistas y directores de equipos; a los buenos los admira, pero no se vincula sentimentalmente.

“Pienso que esta profesión tiene que ser así: cada cual en su sitio, con mucho respeto”.
Aunque accidentalmente, ha recibido fuertes pelotazos.

Al principio de su carrera como árbitro, Machirán, un lanzador de Guantánamo, que tiraba noventa y pico de millas, se cruzó con las señas del receptor y la pelota fue directa a su codo derecho. “Tuve que terminar el juego cantando los strikes con la zurda”.

Con Enriquito Díaz tampoco tuvo suerte. “Él acostumbra a soltar el bate. Me tuvo una temporada completa con problemas en la pierna izquierda, porque soltó el bate, y me dio en la rodilla con la rodillera corrida...”

Algunos se le acercan para preguntarle por qué se comporta como un ogro en el estadio.
“En el terreno tengo que ser así, de lo contrario como decimos nosotros, me corren por tercera; pero soy una persona humilde, me llevo bien con todos”.

No estuvo presente durante el alumbramiento de sus dos últimas hijas—tiene dos varones mayores—. “Quería que fuera la primera persona en entrar a verme, pero las dos veces estaba en Sancti Spíritus. Las niñas se llevan un año y nacieron en el mismo mes.

Tampoco me acompañó mucho durante los embarazos, pero nos hemos adaptado a su trabajo”, asegura Maritza Ladrón de Guevara, la profesora de Educación Física que lo ha acompañado durante los últimos 20 años.

Nelson Díaz es un hombre metódico. Además de los ejercicios físicos, duerme dos a tres horas por las tardes, llega temprano al estadio, se relaja antes del juego y no come nada.
Se siente mejor durante los grandes desafíos, en los más difíciles, y detrás del home, como ¡el
dueño del terreno!

05 febrero, 2007

No hay bloqueo pacífico


“Estados Unidos no reconoce que mantiene un cerco económico, comercial y financiero contra Cuba, porque el bloqueo es una medida de guerra, y se empeñan en denominarlo embargo, que es una disposición transitoria, de carácter judicial, para asegurar el pago de una deuda”.

La doctora Olga Miranda Bravo no entra en disquisiciones filosóficas para explicar un término que el accionar del gobierno norteamericano ha dejado muy claro: “Bloqueo es asfixia, es tratar de ahogar a una entidad, persona o país, es una medida genocida, que trata de agotar al pueblo de Cuba, de llevarlo a un estado de desesperación. No hay bloqueo pacífico”.

La categorización de embargo tiene sus antecedentes en la Orden Ejecutiva Presidencial 3447 de los Estados Unidos, el 3 de febrero de 1962, que lo establece “sobre el comercio con Cuba”.

El pretexto fue la octava reunión de ministros de Relaciones Exteriores, órgano de consulta en la aplicación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), que “en su declaración final resuelve que el actual gobierno de Cuba es incompatible con los principios y objetivos del Sistema Interamericano; y, a la luz de la ofensiva subversiva del comunismo chino-soviético, con la cual el gobierno de Cuba está públicamente alineada, urgió a los estados miembros a tomar aquellos pasos que ellos puedan considerar apropiados para su autodefensa individual y colectiva”.

“Estamos hablando de bloqueo total. La Proclama reconoce que es la continuidad de las medidas anteriores”, precisó Olga Miranda, quien fue Directora Jurídica del Ministerio deRelaciones Exteriores desde el triunfo de la Revolución.

En su tercer párrafo la 3447 expresa: ha autorizado al Presidente a establecer y mantener un embargo sobre todo el comercio entre los Estados Unidos y Cuba… para promover la seguridad nacional y hemisférica mediante aislamiento del actual Gobierno de Cuba y por lo tanto reducir la amenaza que deriva su alineamiento con las potencias comunistas. Esta medida entró en vigor el 7 de febrero de 1962.

“Todo eso es una sarta de mentiras. Ni Cuba era chino–soviética, ni representaba un peligro para la seguridad hemisférica, ni nada de eso. El presidente, que tenía el mandato para aplicar cualquiera de estas medidas mucho tiempo antes, no lo utilizó hasta encontrar el pretexto de la octava reunión”.

Mas Olga Miranda recuerda que desde la aplicación de la Primera Ley de Reforma Agraria, el 17 de mayo de 1959, empezaron realmente las medidas de bloqueo. “Estados Unidos arremete por dos vías fundamentales: la cuota azucarera y el petróleo, y fueron agregando renglones hasta terminar con la manteca de cerdo, que ellos no consumían, pero los granjeros no tenían a dónde mandarla”.

También la sección 620 de la Ley de Asistencia de 1961 estableció que ningún país recibiría asistencia de EE.UU. si tuviera negocios con Cuba.

“La cuota azucarera era nuestra garantía de comercio para el principal renglón económico. La vendíamos al mercado norteamericano a un precio determinado y en cantidades que se fijaban anualmente. En los primeros años de la Revolución fueron reduciendo las cantidades de compra hasta llegar a cero.

“Con el petróleo sucedió otro tanto. Las firmas norteamericanas eran nuestras suministradoras tradicionales y dejaron de traerlo. Por eso compramos crudo a la Unión Soviética, pero dada las presiones de EE.UU., las compañías que quedaban en nuestro país se negaron a refinarlo. Era apagarnos completamente, ahí se complica todo".

Ir a los orígenes

“Muchas veces se ha comentado que Cuba dictó las medidas de nacionalización en 1960 porque Estados Unidos nos quitó el petróleo. Eso no es verdad. Tenemos que ir a los orígenes.

Desde La Historia me Absolverá, el programa de la Revolución cubana, se había planteado el rescate de las riquezas para el pueblo, que entonces estaban en manos del capital norteamericano.

“La Ley 851 del Gobierno revolucionario, de junio de 1960, dispuso la nacionalización de las propiedades norteamericanas para beneficio popular, declarada conforme al derecho internacional. Establece, además, que cuando se nacionaliza por este propósito se le paga la indemnización apropiada a la persona o entidad nacionalizada.

“Y en su contenido plantea que Cuba pagará la indemnización apropiada a las empresas norteamericanas nacionalizadas conforme a un procedimiento de pago basado en la cuota azucarera. Estados Unidos perjudicó a sus ciudadanos cuando no quiso cobrar por las nacionalizaciones, como sí lo hicieron los ingleses, los franceses, los suizos, en acuerdos de indemnizaciones firmados por Cuba y pagados, honrados”.

Según estudios realizados por una institución cubana, basados en los cálculos de comportamiento del mercado azucarero y sus precios, que estuvieron siempre por encima de
5,75 centavos de dólar la libra, Cuba sí tenía posibilidad de crear ese fondo y con él pagar en los 30 años posteriores. “Si no fuera por el bloqueo, en 1990 las empresas estadounidenses hubieran cobrado la indemnización”, afirma Olga.

“Se le van desbaratando los argumentos legales al gobierno de Estados Unidos para mantener el bloqueo, eso es evidente. Si en 1975 fue derogado el acuerdo de la OEA que restringió las relaciones comerciales y diplomáticas de los países miembros con Cuba, se cayó el pretexto de la declaración final de la octava reunión, se fueron a bolina los argumentos de la Proclama 3447.

“Las administraciones estadounidenses también enmascaran el bloqueo cuando hablan de confiscaciones cubanas. No dicen nacionalización, que es un hecho económico reconocido por el derecho internacional, mientras la confiscación es resultado de un delito. Los bienes del tirano Fulgencio Batista y sus compinches fueron confiscados, no nacionalizados; y ni los tribunales de ese país ni la ley Helms Burton pueden imponernos a nosotros los procedimientos para las indemnizaciones. La Ley Internacional recoge que es el país que hace la nacionalización el que impone las cuantías.

Recurrir a la Ley Helms Burton

Para Olga Miranda, una mujer que lidia con el bloqueo desde que se dictó “ese documentico de Kennedy” en febrero del 62, el punto más álgido de las relaciones Cuba-Estados Unidos está en la aprobación y aplicación de la Ley Helms Burton.

“El bloqueo para nosotros ha sido tenso siempre, cuando se promulgó yo no tenía una magnitud de cuánto nos podía afectar, pero cuando adquiere su carácter extraterritorial, cuando nos cierran o limitan las posibilidades que teníamos de comerciar con países de Europa, de América Latina y de otras regiones, es cuando adquiere su plena dimensión.

“Para mí un día es un año. Sabes lo que significa trabajar para hacer una resolución, un documento, cuánto se ha trabajado, por ejemplo para la entrega de un cadáver. Eso fue un minuto, pero me llevó meses y años tratar de que el gobierno de EE.UU. reconociera que tenía un cadáver congelado aquí, era de un agresor de Playa Girón, y ellos lo negaban.

“Cuando había un hecho en Guantánamo, que mataban a un compañero, que lo agredían, eso se decía en un minuto, pero te trae todo a la mente. Estados Unidos está en una agresividad mayor. Nos quieren destruir, hacernos polvo. Estados Unidos no tiene recato en declarar que paga el espionaje en Cuba, que tiene dinero para mantener la llamada disidencia.

“La Ley Helms Burton es el diseño de una política para agredir a Cuba. Y es un peligro real, pasó por el Congreso y nadie la leyó, tiene incompatibilidades con la ley norteamericana, pero está dando facultades al Presidente para que haga sus planes contra Cuba.

“¿Habrá cosa más terrible que el Plan Bush para Cuba? Ese plan para la reconquista aprobado en mayo de 2004 y actualizado en julio de 2006, que reconoce lo que el gobierno norteamericano haría en nuestro país, si lo logra poner en práctica, y que tiene un acápite secreto que realmente es la agresión.

“La Ley Helms Burton reabre el Programa Cuba para las Reclamaciones de los ciudadanos norteamericanos afectados por las leyes revolucionarias cubanas de 1964. Hasta ahora se han presentado 8 mil 816 reclamaciones, de las que se han reconocido 5 mil 911, cuyo valor se estima en más de mil 851 millones de dólares.

“Hace tiempo que esta gente dejó de estar afectada, además la cifra es ínfima comparada con el capital de esas empresas, pero ahora no pueden comerciar con Cuba. De las 5 mil 911 algunas vienen y dicen: ’no queremos reclamar, queremos comerciar’, porque ellos están perdiendo al no poder tener este tipo de relación con Cuba, no son razones políticas, son comerciales, y han solicitado que ’me pongan en la lista para cuando se caiga el bloqueo invertir en Cuba’.

“La Helms Burton reabre el capítulo de las reclamaciones para que los cubanoamericanos lo hicieran, les facilitan ir a los tribunales…, se amplía el bloqueo. Yo le llamo a eso el supuesto derecho del ciudadano al segundo orden; los cubanoamericanos tenían que esperar a que los norteamericanos puros entraran primero en las reclamaciones”.

La académica resume el peligro de la Helms Burton: “Esta ley codifica en un solo texto legal todo lo que había del bloqueo, incluyendo la Torricelli. Es una ley del Congreso. Establece para ella misma la posibilidad de la divisibilidad, es decir, si se modifica parcialmente, como resultado de tales acciones, no se afecta la vigencia del resto de ella.

“A Estados Unidos le queda muy poco por regular en cuanto al bloqueo. Mientras el tema Cuba sea un problema de su política interna y esté manejada por la mafia anticubana, no es fácil predecir un cambio”.

Sancionado por cumplir un acto de última voluntad

“Cada día el bloqueo nos hace más daño, pero también, con los efectos que provoca en sus ciudadanos, se desprestigian más. Con el tema de la extraterritorialidad o de las sanciones hay medidas hasta criminales”.

Y Olga se conmueve con el caso de un hijo que trajo las cenizas de sus padres. Ellos pertenecían a una iglesia protestante, habían predicado mucho en Cuba, y le pidieron que cuando murieran trajera sus cenizas para esta Isla. “El hombre vino con las cenizas y lo sancionaron por cumplir un acto de última voluntad”.

El bloqueo persigue con saña a los norteamericanos que viajan a Cuba; en los últimos dos años han impuesto multas a más de 800 personas por ese motivo, y hay restricciones adicionales al envío de remesas.

Prácticamente se eliminaron los intercambios académicos, culturales, científicos y deportivos, y se prohíbe también entre las iglesias de Estados Unidos y las cubanas, imposibilitándoles enviar donativos, sillones de rueda, medicamentos o productos para uso humanitario.

Olga Miranda Bravo, “la gordita”, como cariñosamente le llamaba Raúl Roa en sus años de vivir juntos contra el tiempo, no ha podido desvincularse nunca del tema de las relaciones EE.UU.-Cuba, y considera que “el ejemplo cubano es nocivo porque rompe la estrategia imperial de Estados Unidos. Han apostado hasta a relevos generacionales, a cambios de gobierno, pero siguen trasnochados, no nos entienden”.